martes, 28 de abril de 2015

Nuevo filme de Martín Garrido Ramis

EL HIJO BASTARDO DE DIOS
Desde hace mucho tiempo las carteleras de las salas cinematográficas están monopolizadas por las multinacionales y rara vez vemos producciones independientes europeas como la que nos ocupa, y cuando este evento es posible quien suscribe la disfruta a placer.
¿Porqué motivo? Pues porque las multinacionales ruedan cine con mucho dinero pero rara vez se arriesgan artísticamente. Casi todas las películas son clónicas, sus guiones parecen haber sido escritos con un manual que dicta lo que se debe decir y lo que se debe hacer. Para un cinéfilo avezado es frustrante esta situación, al sentarse en una butaca enseguida “adivina” el desarrollo de la película y qué frases se pronunciarán. El hecho de asistir a un espectáculo cinematográfico se ha convertido en un acto rutinario carente de magia, esa magia que me enamoró en otro tiempo del séptimo arte y de su forma de contar historias.
Pues bien, esa magia actualmente sólo la encuentro en producciones independientes de cineastas esforzados como Martín Garrido Ramis (padre de Martín Garrido Barón, director de Nos veremos en el infierno) que lleva muchos años rodando producciones en Mallorca, alejado de los grandes centros de producción como Madrid o en menor grado Barcelona.
Para hacer cine no hace falta tener mucho dinero, sólo ingenio y determinación. En abril de 1982, Juan Luis Buñuel, hijo del gran Luis, me comentó lo que sigue: “Si no tienes dinero para rodar en 70 mm rueda en 35, si no tienes para 35 rueda en 16 y si tampoco tienes para 16 hazlo en súper 8. Pero rueda tu película”. Con el cine digital se ha abaratado los costes y rodar es más accesible.
La carrera de los Martín Garrido, padre e hijo, se pueden definir pues en dos palabras: independientes y francotiradores.
Son dos cineastas que van a por todas, que dedican su vida a la creación cinematográfica en un ambiente adverso y, a ratos, hostil (como es mi caso). Quien suscribe sabe en propia carne lo que cuesta levantar una película en un país de pandereta marginado de las multinacionales, de las subvenciones públicas y acosado por los envidiosos de turno, divos descerebrados y demás aguafiestas que creen saberlo todo y que en realidad no saben nada.
El valor de la película que nos ocupa es su mera existencia, un filme contracorriente, arriesgado, valiente. Un cine basado en la intuición, rodada con alma y corazón. Los actores son desconocidos, pero ese hecho es coyuntural porque en realidad no desmerecen de los profesionales más habituales de nuestras pantallas. Saben entregarse a sus personajes, los viven y los sienten.
La acción se ubica en un pueblo pequeño de las islas, un bedel de ayuntamiento tullido y una madre inválida y dominante con reminiscencias hickonianas, un ser perverso y egoísta que trata de anular a su hijo haciéndole la vida imposible. Lola Paniza y Nando Torres están perfectos en sus respectivos papeles.
La película está bien rodada. Transcurre en dos mundos, el real y el imaginario. Un viaje al interior de una mente desquiciada por el dolor y el sufrimiento. Martín Garrido rueda con sobriedad pero con contundencia. Algunas escenas son muy duras pero de ningún modo gratuitas, son reflejo de una violencia que el propio ambiente va forjando.
Una sociedad frustrante y agresiva, que te desprecia y te trata de forma indigna. El hijo bastardo de dios se merece una oportunidad y es un título que se merece nuestra atención.
Salvador Sáinz
 
EL HIJO BASTARDO DE DIOS. España, 2015. Dirección y guión: Martín G. Ramis. Reparto: Nando Torres, Beatriz Barón, Xisco Ródenas, Lola Paniza, Sabrina Olmo, Karina Amengual, Elisabet Garau, Miguel Pujadas, Joan Ferragut, Martín Garrido Barón, Martín Garrido Ramis, Nacho Artiles, Caterina Ross, Roberto Prisco, Marc Alejandre, Aida Llop, Marga Horrach, Gon Andequeno, Elena Hermida, Patricia Galvan, Margalida Vives. Música: Terry Davine-King, Luke Richards, Paul Motram. Fotografía: Martín Garrido Barón, Álex Ferrer. Martín Garrido P.C. Thriller

Sinopsis
    Andrés Sarmiento es un funcionario de Alaró, un pequeño pueblo mallorquín. Es cojo y se inclina mucho al andar, por lo que se siente marginado por sus compañeros de trabajo. Las circunstancias de su vida lo han convertido en un ser solitario e insensible para el que la vida no tiene sentido. Vive en un pequeño piso con su anciana madre, que es paralítica y ha convertido su vida en un infierno, humillándolo y maltratándolo constantemente. Ante este panorama, Andrés decide buscar la felicidad y urde un siniestro plan.

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