miércoles, 4 de septiembre de 2013

José Ramón Larraz (1929-2013)

DIRECTOR DE SERIE B
No ha tenido mucha repercusión el fallecimiento en Málaga del director José Ramón Larraz (Barcelona 1929-Málaga 2013). Si dicen que en España escribir es llorar, rodar series B es ya llanto y crujir de dientes. Está mal visto rodar ese tipo de cine y los directores, actores y guionistas que se han dedicado a esos despreciados géneros han recibido mucho jarabe de palo cuando no olvido y desprecio.
José Ramón Larraz era hijo de republicanos españoles, ya se sabe el sino de quien no quiere que el Jefe del Estado reciba su cargo por herencia en vez de sufragio universal. El paredón o el exilio.
La familia Larraz no tuvo otro remedio que marcharse, drama de muchos españoles que se han visto obligados a perder su patria bien por cuestiones políticas bien económicas, como por ejemplo, el paro.
Yo no voy aquí a glosar la carrera de este realizador porque sería un acto hipócrita, no solía ir al cine para ver sus películas. Muchas no me gustaban. Eso no quita para que yo sintiera por él un profundo respeto. Respeto que hago extensible a todos los profesionales del sector a excepción de los Iscariotes como por ejemplo aquella directora innombrable que creó una ley de cine en la etapa de Felipe González en el poder y que llevó al paro a miles de compañeros de profesión. En Diario de Cine somos gente educada y jamás pronunciamos palabras malsonantes como el nombre de dicha señora.

 Larraz pese a todo me caía simpático. En su biografía dice que conoció a Josef von Sternberg, el gran director que le animó a dedicarse al cine y Larraz marchó a Inglaterra donde dirigió su primera película, Whirpool, en 1969, que como muchas otras de su carrera posterior, era de terror. A Whirpool le siguieron otros títulos rodados en en el mismo país como son Violación ¿y…? o la exitosa Las hijas de Drácula. Llega a representar a ese país en el Festival de Cannes con Síntomas en 1974, obteniendo muy buenas críticas. Todas ellas son películas en las que destaca su lograda atmósfera y su elaborada estética.
Fue entonces cuando tomó la decisión más sorprendente de su carrera, venirse a rodar cine a las Españas. Le debemos muchos títulos que sin embargo no tuvieron la repercusión de los ingleses. Descanse en piezas, Los ritos sexuales del Diablo, Las alumnas de Madame Olga, Polvos mágicos, La momia nacional.
Al cambiar las leyes de cine en el primer gobierno socialista, se resintió y su carrera cayó en picado refugiándose en la televisión.

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