lunes, 29 de octubre de 2012

30 años de cine

LATIDOS DE PÁNICO
El día en que siendo muy niño fui al colegio por vez primera para iniciar el curso de párvulos, la hermana Leonor, una religiosa que llegó a una edad muy avanzada a ejercer su docencia, me preguntó “¿Qué quieres ser cuando seas mayor?“. Yo le respondí “¡Artista de cine!“. La buena mujer se quedó perpleja. Cada semana mi madre me llevaba al cine Avenida, el único de Reus donde siempre programaban películas toleradas para menores.
Aquel mundo enseguida me fascinó y siempre soñé con formar parte de él. Pero el destino me castigó con una dislexia galopante (que algunos tontainas confunden con otras patologías más desagradables) , eso provocó que yo creyera que mi objetivo era inalcanzable epro me equivoqué. En noviembre de 1982 me ofrecieron participar en un rodaje y cumplir mi sueño. Fue en Valdelafuente. El rodaje tuvo lugar en diciembre de 1982. La llamada en noviembre, claro.
El decorado de la película era un pabellón de caza del Caudillo de todas las Españas, es decir el generalísimo Franco, que al fallecer fue heredada por su nieto Francisco Franco y administrada por el famoso Marqués de Villaverde.
En el casting estaba Lola Gaos, Julia Saly (la productora de la película), Pat Ondiviela, José Vivó y Maniel Zarzo entre otros. El pabellón de caza que tenía una capilla donde el antiguo propietario se dedicaba a orar estaba lleno de retratos, pinturas del militar que durante cuarenta años fue dueño de los destinos de nuestro país.
Resultaba curioso ve cómo los atrecistas se dedicaban a sustituir los retratos del Caudillo por otros de Alaric de Marnac, un siniestro personaje sobre el cual giraba la trama de la cinta que se suponía ambientada en Francia.
A la buñueliana Lola Gaos, militante de partidos de extrema izquierda, por lo que tuvo numerosos problemas, y una persona que para mi era extremadamente agradable, ya la conocía con anterioridad diez años antes cuando estudiaba interpretación en unos cursos organizados por el Institut del Teatre en Tarragona.
La buena mujer se pasaba el rodaje mirando las habitaciones del pabellón de caza y exclamaba con su voz ronca “¡Pero qué bien vivían aquellos cabrones!“.
Rodé dos días. Uno a principio de diciembre, otro el día 30. Sobre estas líneas, además del autor de estas líneas, podemos ver a Pat Ondiviela, entonces Miss Canarias, y un cameo de Augusto Boué, popular jefe de producción del cine español. Era el último día del rodaje y el equipo estaba entristecido porque los compañeros no se iban a ver durante mucho tiempo.
Una anécdota muy curiosa. Al filmar la primera escena, de las dos que tenía, al atrecista se le había olvidado facilitarme un misal para rezar el responso. Mi personaje era un cura pluriempleado que se pasaba la vida oficiando finales ya que en una cinta de terror español se cometían tantos crímenes durante todo el metraje que el pobre hombre no daba abasto.
El director le ordenó que me trajera un misal, buscaron en la biblioteca del Caudillo y se encontraron una Biblia… en inglés.
Lola Gaos me decía que yo era demasiado guapo para meterme a cura… La buena de Lola… Qué personaje más entrañable.
La película se estrenó hacia junio del mismo año en el cine Gran Vía de Madrid y estuvo dos semanas en cartel. Yo estaba en la capital del estado durante ese tiempo rodando otra película del mismo equipo, La bestia y la espada mágica.

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