domingo, 10 de abril de 2011

Un mito español alrededor del mundo

TRES MIRADAS DE CARMEN

Geraldine Farrar

El parisino Prospero de Mérimée (28 Septiembre 1803 – 23 Septiembre 1870) fue un escritor francés que se hizo archipopular gracias a su novela Carmen (1845) que treinta años después se convirtió en una ópera de Charles Bizet.
Toda la trama está ambientada en Andalucía, unos gitanos contrabandistas y los guardias que deben velar por los intereses del Estado tratando de meterles entre rejas. En medio una mujer de gran sensualidad, Carmen, que presume de no pertenecer a ningún hombre pero que es libre jugando con los sentimientos de quienes caen en sus brazos. La metáfora de la mantis religiosa que destruye a sus machos tras copular con ellos. En cierto modo, al igual que Don Juan Tenorio, otro sevillano seductor, son dos seres malvados que saben engañar a sus víctimas con un falso amor interesado.
En el caso del burlador la de seducir por seducir, buscando en la conquista momentánea un mérito que satisface su egoísmo. Pero tanto en un caso como en otro, acabarán devorados por sus acciones que se volverá en su contra.

Cecil B DeMille

Así, al inventarse el cine a finales del siglo XIX, el nuevo arte se mostró interesado por las veleidades de Carmen, mucho menos por las de Don Juan que son más de origen teatral y se adapta menos al cine. Carmen siempre permite que un sex symbol del cine luzca sus encantos y su poder de seducción.
En 1915 se produjeron tres películas sobre el tema. La primera de Raoul Walsh con la vampiresa Theda Bara, la segunda de Cecil B DeMille que aún no era el genio en que se convirtió años después con la cantante de opera Geraldine Farrar y la tercera su parodia chapliniana de la que trataremos más abajo.
No conocemos la versión de Walsh, pero sí la del gran Cecil B DeMille con Wallace Reid como Don José y Pedro de Córdoba como el torero Escamillo.
Los tres títulos visionados (versiones DeMille, Chaplin y Lubitsch) tienen como denominador común el hecho de que son obras menores de los respectivos cineastas que en otras ocasiones brillaron a mayor altura. Los ambientes de origen español suelen ser más creíbles cuando son rodados en la propia España y no en países extranjeros que tienen una visión deformada de nuestra cultura dedicándose a mostrar tópicos y mostrando un país de pandereta carnavalesco.
Así, la versión de DeMille parece más una fiesta de Carnaval que la reproducción de la Sevilla de mediados del siglo XIX. Todo resulta extravagante y a veces cae en el ridículo. La versión de Ernst Lubitsch es la mejor de estas tres tal vez porque los profesionales que la hicieron posible se molestaron en un trabajo más creíble y más rigurosamente culto.
No fue con la llegada de las grandes superproducciones que el gran Cecil B DeMille llegó a la madurez de su arte. En el caso de Carmen no nos encontramos con una mala película, sino con un título menor poco trabajado y donde aún no había desarrollado su personal estilo narrativo.

Hace muchos años que descubrí la versión paródica de Charlie Chaplin, Burlesque on Carmen (1915) y a decir verdad me provocó un gran desconcierto. No fue hasta que pude visionar la versión de Cecil B DeMille que pude entender que se trataba de una parodia de los clichés de este título. Además se trata de un filme menor de Chaplin, muy ajena a su mundo creativo y que parece imposición de la productora Essanay que remontó la película para ampliar el metraje y añadiendo escenas desechadas por Chaplin. Charlot siempre trabajó con argumentos propios, muy personales, y Parodia de Carmen, como fue conocida, en realidad es una adaptación que utiliza como referente la película de Cecil B DeMille de la que copia algunos planos como el del muro derruido por donde pasan los contrabandistas.

El vestuario, la dirección artística, está calcado pues de la versión rodada meses antes y que tanto éxito tenía en aquel tiempo. El desembarco de los contrabandistas en la playa, la mercancía en lomos de un burro que en la versión Chaplin es un actor disfrazado de tal para darle un toque burdo y grotesco.
Edna Purviance es Carmen, la cigarrera, algo rubia para el papel que siempre necesita una morenaza de armas tomar. una mujer de mayor carácter que la siempre dulce y desvalida Edna aquí en un registro distinto al habitual.

Edna Purviance y Charlie Chaplin

Por otra parte la película es demasiado larga, no tiene sentido de la medida, alargando las situaciones con exceso. Chaplin aún no había dado el salto al largometraje que siempre fue concienzudo. Unos de los autores más meticulosos y rigurosos de la historia del cine y maestro indiscutible de la comedia cómica no se adaptaba a los rodajes rápidos en donde todo se improvisaba y se hacía de cualquier manera sin importar los resultados.
Por esto la parodia como película es fallida aunque conserve algunos destellos del genio chapliniano. Afortunadamente tres años después tuvo lugar la aparición de la versión de Ernst Lubitsch en los estudios alemanes para que la voluptuosa Carmen gozara de una adaptación mucho más sólida que la presente.


Charlie Chaplin y Pola Negri a su llegada a Hollywood
En la primera parte de su carrera que transcurrió en los estudios alemanes, Ernst Lubitsch, que aún no había descubierto su toque mágico, rodó su versión de Carmen (1918) con la polaca Pola Negri de protagonista. La reconstrucción de Sevilla en estudios alemanes es mucho más cuidada que en las versiones norteamericanas y no caía en lo grotesco como en el caso de DeMille.
Negri estaba entonces en lo más granado de su carrera, a punto de hacer las maletas hacía Hollywood donde siempre dio la nota. Si físicamente no era una belleza espectacular, la polaca tenía una personalidad arrolladora que la hacía apta para el personaje. Sabía desmelenarse en cada actuación dando siempre lo mejor de sí misma. El carácter andaluz, tan expresivo en sus ademanes, encajaba a la perfección con sus dotes artísticas. Además Pola era de tez morena, físicamente podía pasar por gitana y andaluza sin ningún problema.

La España pintoresca más tópica estaba presente en la puesta en escena del meticuloso director, al fin y al cabo era la imagen que se vendía internacionalmente de nuestro país y que la novela de Prospero Merimé difundió con su famosa novela. Toros, una mujer voluptuosa que andaba ondulando las caderas y un clavel enredado en sus negros cabellos.
Carmen juega el peligroso juego de la seducción para sus propósitos y acaba por sucumbir una vez más al daño que ha causado. Despertar la pasión de un hombre para después abandonarle. La tragedia estará presente una vez más.
Al ser una adaptación europea, en este caso alemana, naturalmente será mucho más culta que las realizadas en Hollywood en donde se busca la superficialidad que mejor rinde en taquilla. Por esto, la versión Lubitsch.Negri es una de las mejores en el cine mudo a falta de descubrir la de Raquel Meller y Jacques Feyder.

Pola Negri en la versión de Ernst Lubitsch

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ROSTROS DE CARMEN



Raquell Meller fue Carmen en la versión de Jacques Feyder de 1926.

Theda Bara en la versión de Raoul Walsh, rodada en 1915

Raoul Walsh repitió el tema con otra actriz en 1927, Dolores del Río

La versión colorista de Charles Vidor con Rita Hayworth en 1948 fue un rotundo fracaso

 
Laura del Sol

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