lunes, 21 de marzo de 2011

¿Ha desaparecido la censura?

LA CENSURA, AYER Y HOY

"La bestia y la espada mágica" con Sara Mora
Dos imágenes rodadas en 1983 cuando la censura ya había desaparecido.

Mucho se habla de la censura pero al leer sobre ese tema uno se da cuenta de que las nuevas generaciones han olvidado completamente lo que fue. Se cree vulgarmente que los censores se limitaban a prohibir desnudos, lo que es inexacto. La censura fue un control por parte del Estado del contenido ideológico de todas las obras artísticas que se produjeron bajo el gobierno franquista, pero no fue una institución exclusivamente del desaparecido régimen sino una medida adoptada en todos los países del mundo de todas las ideologías políticas para impedir la libre circulación de ideas y su plasmación en obras literarias, cinematográficas o de cualquier otra forma de expresión artística.
No siempre cortaban películas, a veces añadían escenas como en La huida de Sam Peckimpah en la que se le cambió el final con un plano en que Steve McQueen volvía a la cárcel, mientras que en la versión original escapaba a México. La mayoría de las películas fueron prohibidas por cuestiones ideológicas y políticas. La censura moral, es decir, la motivada por desnudos fue más una leyenda que una realidad porque casi todas las películas ya venían censuradas desde su país de origen.
En España nos creímos siempre que el extranjero era una especie de Sodoma y Gomorra pero la realidad fue muy distinta. El Código Hays en Hollywood impedía que las escenas sexuales fueron más lejos y su puritanismo no tenía nada que envidiar al español, e incluso fue mucho peor.
Pero junto a la censura moral o ideológica del Régimen y de otros países sufrimos también el motivado por la propia industria.
La llamada censura industrial no ha desaparecido y todavía continúa ejerciendo su control sobre los sufridos ciudadanos. Al pertenecer las distribuidoras al entramado del Hollywood monopolista, favorecen descaradamente a las producciones de su país y perjudican no sólo la producción nacional sino la procedente de otras latitudes. Actualmente apenas vemos cine francés, italiano o asiático, por citar algunos ejemplos.
En ciudades pequeñas como la mía, Reus, apenas llegan películas que no sean de las multinacionales y una parte del cine español no se proyecta en nuestras salas. Es otra forma de censura porque no se obedece a las leyes de la oferta y la demanda sino a intereses ajenos a los nuestros.
Por otra parte, como muchas películas nacionales son financiadas con parte subvencionadas y otras procedentes de diversas televisiones, se ejerce un control ideológico descarado. Por ejemplo, durante el franquismo era imposible mostrar la brutalidad del sistema en los cuarenta años que gobernaron, peo en la actualidad no se pueden mostrar los abusos de la República ni de masacres como la de Paracuello del Jarama porque nadie las subvencionaría.
Los gobiernos central y autonómicos ejercen un control ideológico de lo que se produce en España siempre en función de su conveniencia e intereses.
Referente al tema del desnudo, al que aludimos al principio, se dio la circunstancia de que una vez muerto el dictador se utilizó como maniobra de distracción. En aquellos años, si la censura anterior cortaba los escasos desnudos del cine convencional, en el posterior se añadían muchas veces sin venir a cuento y por exigencias de la industria para "comercializar" las películas.
Si en la transición política funcionó el desnudo como reclamo publicitario, más adelante se saturó el mercado y acabó por aburrir al espectador que demandaba historias más sólidas que las que normalmente les ofrecían.
El desnudo en cierto modo es hijo de la represión. Actualmente muchos ciudadanos vivimos en zonas costeras donde al llegar los calores estivales acudimos a las playas repletas de cuerpos semidesnudos a miles por lo que al normalizarse han pedido su misterio.
Un desnudo aparece incluso en películas infantiles sin llamar la atención por lo que ha perdido su valor de cambio. Nos gustará o no nos gustará, pero ya no escandalizará a nadie. Los espectáculos de striptease interesan más a los "textiles" que a los nudistas o naturistas porque para los primeros el desnudo será una transgresión pero para éstos formará parte de nuestra propia naturaleza y lo considerará normal. Lo normal no es negocio pero sí muy agradable.


Christie Levin y Lina Romay en "Seda roja" de Jesús Franco

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