lunes, 21 de junio de 2010

40 años después

FINALIZA UNA PELÍCULA
EMPEZADA HACE 40 AÑOS


Miquel Codina
A finales de los años 60, el ingeniero Ramon Codina y el periodista Josep Maria Solà empezaron a rodar una película policiaca a imagen de la serie que entonces triunfaba en televisión, Ironside, protagonizada por Raymond Burr en el papel de un detective en silla de ruedas. Más de 40 años después, Miquel Codina, hijo de Ramon, ha podido terminar el proyecto que inició su padre.

–¿Cómo era Ramon Codina?

–Era un hombre con mucho carisma. Disfrutaba de la cultura, tocaba la trompeta e incluso escribió una sardana. Su sueño era escribir un guión de cine.
–Y escribió uno. ¿De qué trataba?

–En 1966 se estableció la red de abastecimiento de aguas de Barcelona, que chocó contra los intereses de la industria del agua embotellada. En este contexto, a mi padre y a su amigo Josep Maria Solà se les ocurrió una trama sobre una macromolécula que, al beberla, provocaba la muerte por congelación. Al detective que debía investigar el caso le llamaron Waterside en homenaje a la serie Ironside.
–¿Qué recuerdos tiene de aquello?

–Yo era un niño entonces y me dieron un papel de repartidor de periódicos. Tenía que decir: «¡Daily Telegraph! ¡Daily Telegraph! ¡Extraño suceso en la planta potabilizadora!». Ensayé durante un año y lo pasé muy mal. Me daba pánico.
–¿Dónde rodaban?
–La trama se desarrollaba en San Francisco, pero las imágenes son de la Via Laietana de los años 60. Como esa parte de la ciudad se diseñó a imagen del urbanismo norteamericano, la cosa colaba, aunque los coches que se veían pasar eran los Seat de la época. Toda la película tenía un tono cómico-surrealista. Pero nunca llegaron a escribir el final.
–¿Qué pasó?
–Abandonaron el proyecto en 1971, después de rodar durante dos años en Súper 8.
–¿Qué fue de todo aquel material?
–No volví a saber nada hasta muchos años después. En 1984 mi padre y mi hermano pequeño fallecieron en un accidente de coche. Yo tenía poco más de 20 años. Estaba conmocionado, pero insistí en ir al despacho de mi padre a recoger sus cosas. Todo el mundo me decía que no hacía falta, que ya lo haría más adelante, pero algo me impulsó a hacerlo. Cuando pasa algo tan fuerte, hay cosas que no parecen importantes, pero si no hubiera ido aquel día al despacho el material habría terminado en la basura.
–¿Qué encontró exactamente?
–De todo lo que vi en su oficina, lo que más me llamó la atención fue un cajón donde ponía Waterside. ¡Lo había llevado encima desde los años 70! Eso me impresionó. ¿Por qué lo habría guardado tanto tiempo? Pensé que allí habría algo importante.
–¿Cómo estaba el material?
–Era un caos, estaba todo desperdigado. Encontré trozos de película entre páginas de libros, en sobres y en cajas de zapatos. Había apuntes de guión sin fecha y folios sin numerar metidos en carpetas.
–¿Y qué hizo con todo aquello?
--Me dediqué a recoger toda la información que iba encontrando. Trabajaba en casa, de noche y durante los fines de semana, tratando de montar aquel rompecabezas. Durante casi 15 años, no le conté a nadie lo que estaba haciendo.
–¡15 años! ¿Por qué no dijo nada?
–Vivimos en una sociedad en la que la gente siempre pregunta: «Y todo esto, ¿para qué?». Y si no das una respuesta convincente, no lo entienden, no le encuentran el sentido. Yo no quería que la opinión de los demás me influyera y terminara abandonando el proyecto. Pero a partir del 2002 necesité ayuda y contacté con Glamourama Films, gente joven amante del cine que se entusiasmó.
La película se estrenó en octubre pasado con el título La caza del cisne. ¿Qué le impulsó a terminar el sueño de su padre?
–No sé cómo expresarlo, pero a veces me he sentido guiado, como si él me enviara fuerzas. Mi padre era un hombre con un magnetismo personal que yo no he heredado. Me hubiera gustado compartir muchas cosas con él, pero he intentado seguir siempre su ejemplo. Quizá, sin darme cuenta, la película es un agradecimiento por todo lo que él dejó, por transmitirme aquellos valores humanos que no se pueden comprar ni encontrar en un escaparate.
–¿Qué le diría su padre si viviera?
–Pues estaría orgulloso y me daría fuerzas para seguir adelante, porque queda mucho por hacer, por vivir y por compartir. He disfrutado a cada momento de lo que he hecho y he podido compartirlo con varias generaciones. Esto no tiene precio.

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